 |
Problemas más frecuentes
Ansiedad
- ¿Qué
es?
- Componentes
de la ansiedad
- Conclusiones
sobre el concepto de ansiedad
- La
ansiedad patológica
- ¿Cuándo
tenemos un problema de ansiedad?
Links relacionados
- Depresión
- Ataques
de pánico
- Pánico
y agorafobia
- Trastorno
obsesivo-compulsivo (TOC)
- Trastorno por
estrés post-traumático (TEP)
- Trastorno de
ansiedad generalizada (TAG)
ANSIEDAD
¿Qué es?
El concepto
de ansiedad es ambiguo y muchas veces se utiliza de manera equivocada,
generalmente remarcando su carácter negativo. Nada más lejos
de la realidad. Sencillamente se trata de una respuesta natural e inevitable
ante la presencia o anticipación de una situación interpretada
como peligrosa o potencialmente peligrosa. Es decir, ante todo la ansiedad
es un sofisticado sistema de supervivencia orientado al afrontamiento
eficaz de los peligros que nos depara el mundo. Podemos decir que hoy
estamos aquí porque la ansiedad hizo que nuestros antepasados reaccionaran
más hábilmente ante los peligros y las situaciones complicadas.
Sin embargo,
a veces esta ansiedad se vuelve contraproducente. Cuando se vuelve demasiado
intensa y frecuente el papel adaptativo de la ansiedad se pierde y comienza
a funcionar en nuestra contra: nos impide resolver con éxito situaciones,
nos origina un malestar tan intenso como innecesario, etc.
Componentes de la ansiedad
Cuando
una persona se pone ansiosa se producen una serie de cambios en tres niveles:
· La interpretación de la situación o acontecimiento
concretos.
·
· La conducta específica que ponemos en marcha sobre la
base de la interpretación y emoción suscitada por ella.
La sobrevaloración
de la situación potencialmente amenazante y/o la minusvaloración
de las propias capacidades para enfrentarse a ella con éxito hacen
que la respuesta de ansiedad pueda ser excesiva, perdiendo su carácter
adaptativo.
Cómo
nos sentimos y cómo nos comportamos en esas situaciones es bastante
lógico, dada la interpretación que hacemos de ellas. Además,
a medida que notamos que nos estamos poniendo nerviosos también
hacemos una interpretación de ese nerviosismo como algo negativo,
lo cual no hace más que ponernos más nerviosos, lo que dificulta
a su vez que seamos capaces de hacer frente a la situación de forma
eficaz.
Como vemos,
esto es "la pescadilla que se muerde la cola" .
Es evidente
la importancia del componente interpretativo en la eficacia de la respuesta
de ansiedad. Y es que no son las situaciones, por sí mismas, las
que hacen que nos encontremos nerviosos o tensos, sino las interpretaciones
que hacemos de ellas. Las situaciones son elementos neutros en si mismos.
Al encontrarnos ante una situación determinada, realizamos una
interpretación de la misma y nos sentimos y actuamos acorde con
esa interpretación. Interpretar una situación como peligrosa
o amenazante en algún sentido implica cierto grado de ansiedad.
Ahora bien,
¿Hasta
qué punto podemos fiarnos de nuestras interpretaciones?
¿Hasta
qué punto lo que nosotros interpretamos se corresponde con lo que
realmente sucede?.
Hemos de
reconocer que a la hora de interpretar cualquier cosa existe un margen
de error siempre que en ella se incluyan elementos subjetivos no basados
en hechos. Podemos estar siendo demasiado extremistas, demasiado negativos,
podemos estar adivinando el futuro o lo que piensan los demás,
podemos estar generalizando en exceso, ..., en fin, que podemos estar
equivocándonos de manera que esa interpretación haga que
experimentemos un malestar excesivo y contraproducente.
Además
de todo esto es importante ver que no nos mostramos ansiosos ante todas
las situaciones que tienen lugar en nuestras vidas. Más bien parece
que la ansiedad queda "enganchada" a determinadas situaciones
bastante concretas o que guardan relación entre sí. A veces,
basta con pensar sólo en esas situaciones o con saber que se nos
presentarán para que aparezca la ansiedad que llevan asociada para
nosotros.
La experiencia
nos dice que esas situaciones son demasiado peligrosas, que nos pondremos
muy nerviosos, que no seremos capaces de afrontarlas con éxito
y que esto nos hará sentirnos muy mal. Es decir, a veces generamos,
antes de que se presente la situación temida, expectativas negativas
acerca de la situación, de nuestras habilidades para hacerle frente
y de las consecuencias que eso tendrá para nosotros. Esto sólo
sirve para hacer que nos encontremos demasiado ansiosos antes de que suceda
el acontecimiento temido, con lo que afrontarlo se hará aún
más complicado. Vuelve a ser "la pescadilla que se muerde
la cola".
Conclusiones sobre el concepto de ansiedad
- La ansiedad no es "mala". Es una respuesta de nuestro organismo
ante determinadas situaciones y su función es la de prepararnos
para afrontarlas de forma eficaz.
- Cuando esta ansiedad es excesivamente intensa o prolongada en el tiempo
impide que afrontemos eficazmente las situaciones, es decir, pierde
su función.
- La ansiedad procede de la interpretación que hacemos de las
situaciones, de forma que interpretaciones excesivamente negativas generarán
niveles de ansiedad indeseados y contraproducentes.
- Darnos cuenta de que nos estamos poniendo nerviosos e interpretar
esa ansiedad como algo negativo sólo hace que veamos la situación
como algo más difícil de resolver y que nos percibamos
a nosotros mismos como más incapaces de afrontarla con éxito.
Esto nos pone aún más nerviosos y se hace más difícil
todavía el afrontamiento de la situación.
- Cuando, a causa de la ansiedad, no afrontamos con éxito una
situación determinada, ponemos en duda nuestra capacidad para
su afrontamiento eficaz y, a veces, nuestra valía personal. La
percibimos aún más negativa y peligrosa si cabe, y aumentamos
la probabilidad de volver a fracasar en dicha situación. Esto
no es real, sino una interpretación rápida y no razonada
de nuestro cerebro ante algo que en un determinado momento nos ha hecho
sentir mal. La función de esta interpretación es la de
evitar volver a exponernos a esa situación vivida como dolorosa
o negativa
La ansiedad patológica
Respuestas cognitivas
- Pensamientos y creencias relacionados con inutilidad, derrotismo, inadecuación,
humillación, incapacidad para enfrentarse con la situación
y superarla.
- Continuos pensamientos e imágenes mentales relacionados con la
situación o situaciones temidas y con las conductas de evitación
o escape ante ellas.
- Distorsiones cognitivas.
Respuestas fisiológicas y emocionales.
- Sentimientos de aprensión, miedo, preocupación, nerviosismo
o vergüenza.
- Activación autonómica y muscular:
- Tasa cardiaca elevada. Palpitaciones.
- Sensación de ahogo o falta de aliento.
- Aumento de la presión sanguínea.
- Inestabilidad, mareos o desmayos.
- Sensación de atragantarse.
- Opresión o malestar en el pecho.
- Nauseas o molestias abdominales.
- Tensión muscular generalizada o localizada en zonas concretas
(estómago, cuello, espalda, ...).
- Trastornos intestinales.
- Sudoración.
- Visión borrosa.
- Temblores o sacudidas.
- Entumecimiento u hormigueo en extremidades.
- Escalofríos y sofocaciones.
Respuestas conductuales
- Conductas de situación o escape ante la situación temida.
- En el caso de permanecer en la situación temida pueden aparecer
alteraciones conductuales diversas tales como inmovilidad, tartamudez,
conductas torpes, ...
¿Cuándo tenemos un problema de ansiedad?
La ansiedad, como problema clínico se caracteriza por:
- Ser una reacción desproporcionada en base a las demandas de
la situación.
- Ser involuntaria y percibida como incontrolable.
- Se suele reconocer que es poco adaptativo, en el sentido de que nos
damos cuenta de que no nos ayuda a solucionar nuestros problemas.
- No es útil.
- Dura demasiado, es demasiado intensa o frecuente.
|